Por si no lo sabías aún, los diamantes en realidad no valen nada. Sí, son bonitos, brillan mucho y durante décadas nos han vendido que son eternos, pero su valor va en caída libre. Te será muy difícil conseguir vender un diamante usado por más del 40% del valor de compra. Durante casi un siglo, De Beers controló el 90% del mercado mundial creando una escasez artificial mientras nos repetía que «un diamante es para siempre». Ahora, con los diamantes sintéticos inundando el mercado y siendo indistinguibles de los naturales, el castillo de naipes se derrumba. ¿No me crees? Te dejo las fuentes para que lo contrastes: https://www.bloomberg.com/news/features/2025-02-04/de-beers-turmoil-is-symptom-of-diamond-industry-crisis y https://cincodias.elpais.com/fortunas/2023-09-17/desayuno-sin-diamantes-su-precio-se-desploma-y-en-eeuu-se-casan-menos.html
En IT también tienes que saber que tus diamantes no valen nada. Es una realidad que debemos asumir. Gastamos ingentes cantidades de dinero, tiempo y esfuerzo en modelados de sistemas, arquitecturas perfectas y soluciones que creemos definitivas. Pero tenemos que saber que durarán ‘x’ tiempo, son efímeros. Vendrá algo nuevo que será mejor y tenemos que estar preparados para el cambio. Nada dura eternamente (bueno, menos COBOL, pero ese es otro tema).
La pregunta es: ¿Cómo reaccionas cuando tu diamante ha perdido el valor?
Opción uno: Gollum.
Mi diamante es mi tesoro, lo quiero más que a mi vida, es mi orgullo, no veo sus defectos. La caída o pérdida de mi diamante es una derrota personal que no voy a consentir.
Seguro que la has visto más de una vez. Es el arquitecto que defiende su monolito de 15 años porque «nunca ha dado problemas». El equipo que rechaza cualquier propuesta nueva porque «nuestra solución funciona perfectamente». El tech lead que se ofende personalmente cuando alguien sugiere reemplazar su stack tecnológico.
Es la resistencia pura y dura, la respuesta de tu amígdala, de tu cerebro reptiliano primitivo ante un ataque. Instinto de supervivencia I-R-R-A-C-I-O-N-A-L. Has mandado a la mierda millones de años de evolución hasta llegar al homo sapiens sapiens. Tu diamante se ha convertido en tu identidad profesional, y defenderlo es defenderte a ti mismo.
Opción dos: El padre moderno.
Sabes ver las virtudes y los defectos de tu sistema, pero vas a generar un nuevo business case que lo parchee para adaptarlo. Es como cuando sabes que tu hijo es malo en matemáticas y le pones clases de refuerzo con la esperanza de que mejore. Puede que funcione, puede que no. Al final igual acaba haciendo Derecho (sin acritud).
Esta es la segunda opción más frecuente. Te mantiene en un espacio cómodo de lo que conoces. Mantiene al diamante en su sitio y lo pule más. Le añades una capa de microservicios por encima, implementas una API REST sobre tu base de datos legacy, contratas consultores para «modernizar» lo que tienes.
Y ojo, a veces esta es la opción correcta. Cuando los costes de migración son prohibitivos, cuando el sistema es crítico y funciona, cuando el riesgo de cambio supera el beneficio. Pero la clave está en ser honesto: ¿es realmente la mejor opción o es que nos da miedo soltar el diamante?
Opción tres: Explorar nuevos materiales.
Tu diamante mola, pero las tierras raras molan más. Algunas aleaciones son más resistentes, más ligeras, más eficientes. No es una derrota quitar el diamante, es un aprendizaje.
Tengo un colega que se ha tirado dos años montando una super plataforma de datos con tecnologías que en su momento eran punta de lanza. Ahora ha visto que hay herramientas nuevas que hacen lo mismo con menos complejidad, mejor rendimiento y un menor coste operativo. ¿Su reacción? No entrar en pánico ni defender lo indefendible. Su idea: ir cambiando pieza a pieza. Poco a poco, pero para algunas cosas empezar ya con la tecnología nueva en paralelo.
Lo fascinante de esta opción es que requiere algo que escasea en nuestra industria: humildad profesional y capacidad de desapego emocional. Reconocer que lo que construiste fue excelente en su momento, pero que aferrarse a ello ahora sería un error. Celebrar lo aprendido y seguir adelante.
¿Qué harás tú cuando descubras que tu diamante no tiene valor?
La próxima vez que te encuentres defendiendo tu arquitectura, tu stack tecnológico o tu forma de hacer las cosas, detente un momento. Pregúntate: ¿lo defiendo porque es lo mejor para el proyecto, para el equipo, para el negocio… o lo defiendo porque es MI diamante?
Porque al final, en IT como en la industria de la joyería, el verdadero valor no está en aferrarse a las piedras preciosas del pasado, sino en saber reconocer cuándo ha llegado el momento de cambiarlas por algo mejor.
Tu diamante fue valioso. Te enseñó, te hizo crecer, resolvió problemas. Pero si ya no brilla como antes, quizá sea hora de explorar nuevos materiales.
